Los zumos de frutas se asocian con diabetes, obesidad y baja estatura.

by Fisio | 17/10/2011 02:23

Desde que empezó el boom de la alimentación sana, las dietas bajas en grasa, las pirámides nutricionales y los productos light, la gente no ha dejado de engordar, el cáncer no ha dejado de crecer, la diabetes va camino de duplicarse, la obesidad sigue imparable y las enfermedades cardíacas siguen batiendo records año tras año. Se calcula que en los próximos 20 años, la incidencia de diabetes se duplicará hasta alcanzar los 700 millones de afectados, según informes de la OMS[1]. Somatotropina empezó a seguirle la pista a los zumos y encontró varios estudios preocupantes, donde consistentemente se asocia el consumo de zumos de frutas a síndrome metabólico, diabetes y obesidad. Incluso hay estudios que han relacionado la cantidad consumida de zumos de frutas con baja estatura en niños de 2 y 5 años. Detrás de los anuncios de vitaminas y antioxidantes, de las siluetas de mujeres delgadas, los 0%, los light, y los trocitos de fruta pintados, se esconde la verdadera historia, que por supuesto, el neuromárketing despiadado de las empresas trata de ocultarte. Coincide el bombardeo de “alimentación sana”, las recomendaciones institucionales y gubernamentales con una reducción del gasto sanitario, de las enfermedades y de la mortalidad? O todo lo contrario…?

Carbohidratos y el fraude de las pirámides nutricionales gubernamentales:

Cualquier mercado desafortunadamente va a seguir una premisa: mayor beneficio con el menor coste. La multimillonaria industria alimentaria, mucho mayor que la farmacéutica y de la que poca gente habla, no es diferente, y lo que venden como consejos para tu salud, solo son maniobras de propaganda para que consumas productos que dejan grandes márgenes de beneficio. Durante la etapa de Nixon, encontraron la manera de optimizar recursos económicos, promoviendo los cultivos más baratos en términos de rendimiento calórico por hectárea de cultivo. Y los cultivos más baratos son aquellos basados en granos como el trigo, la soja o el maiz.

Pronto comenzaron a subvencionar dichos cultivos y con ello cambió la alimentación de los animales (de los pastos a las semillas baratas de soja, o maiz). La leche, la carne o los huevos comenzaron a cambiar su perfil lipídico: de altos valores en ácidos grasos saludables como el omega 3 y CLA, a valores casi insignificantes de los mismos y excesivos de omega 6, un ácido graso pro inflamatorio, asociado a la rigidez y falta de permeabilidad de las membranas celulares. Por este motivo, aunque no quisieras ni lo supieras, de forma indirecta has estado alimentándote de ácidos grasos dañinos. Industrialmente empezaron a utilizarse en masa los aceites vegetales baratos provenientes de el maiz, la soja y otras fuentes vegetales baratas, altas en omega 6. Posteriormente sólo fue cuestión de crear una pirámide de alimentación para convencer a la gente de que debía sustituir las grasas por los hidratos de carbono, usar aceites vegetales, hartarse a pan y cereales y voilá! Una epidemia mundial de diabetes, cancer, ataques al corazón, y otras enfermedades crónicas que avanzan de forma exponencial. Cui prodest?

Carbohidratos, insulina y desórdenes crónicos metabólicos:

La insulina es la hormona encargada de transportar el azúcar de la sangre al interior de las células. El consumo elevado de carbohidratos lleva a una sobreproducción crónica de insulina, resistencia a la misma, inflamación y estrés oxidativo crónico (HU, Harvard 2010 y Monnier 2006 en JAMA). Ante esta sobreproducción de insulina, las células se habituan y se desensibilizan regulando a la baja los receptores insulinodependientes de sus membranas, necesitándose cada vez más insulina para captar el azúcar de la sangre y meterlo en las células donde se almacena o se quema para obtener energía. A partir de la insensibilidad a la insulina, el azúcar permanece más tiempo en sangre y se produce una condición llamada hiperglicemia. Como el azúcar no ha alcanzado su destino final (las células), la sensación de hambre no desaparece y el consumo de comida aumenta. El exceso de insulina crea una disrupción en la retroalimentación de los sistemas hormonales, estimula la adiposidad y la liberación de citoquinas pro inflamatorias. La hiperinsulinemia se ha relacionado también con presión arterial elevada, aumento de las VLDL y disminución del HDL (colesterol “bueno”), formación de aterosclerosis y con isquemia cardíaca. Todo esto desemboca en lo que se conoce como síndrome metabólico (hipertrigliceridemia, hipertensión, disminución HDL, hiperinsulinemia, hiperglicemia…) y finalmente, diabetes establecida.

El azúcar en sangre por su parte es altamente tóxico, genera una sobreproducción de especies reactivas de oxígeno (ROS) y desencadena un proceso en las células con las que va entrando en contacto llamado glicación (adherencia de la glucosa provocando disfunción en las proteínas de las células con las que reacciona). Este proceso ocurre con las proteínas que transportan el colesterol, con las proteínas que forman los nervios, con aquellas que forman los glomérulos de los riñones,  las que forman el cristalino de los ojos, etc. La sangre se espesa por la formación de hemoglobina glicosilada y los pequeños capilares se obstruyen provocando anoxia en las células. La glicosilación de proteinas también afecta a las placas de ateroma, que crecen por adherencia con estas. La fructosa glicosila hemoglobina aún más rápido que la glucosa (Bunn 1981). Como consecuencia obtenemos los problemas frecuentes en diabéticos: pérdida de visión, cardiopatías, neuropatías, complicaciones vasculares, etc. Las personas con diabetes tienen hasta un riesgo 800% mayor de padecer un ataque al corazón según se desprende de estudios en distintas cohortes.

A pesar del aspecto inofensivo y saludable, consumir trigo o harinas es lo mismo que consumir azúcar. Además de los carbohidratos, los ácidos grasos como el omega 6 presente en nuestra dieta de forma masiva, aumentan la rigidez de las membranas de las células, haciéndolas menos permeables a la glucosa y a otros nutrientes, que es otro añadido más para desarrollar resistencia a la insulina y disfunción celular. Estos ácidos grasos son pro inflamatorios a través del metabolismo de eicosanoides a partir de ácido araquidónico. Los ácidos grasos poliinsaturados son muy inestables y se oxidan rápidamente con el calor, creando subproductos altamente tóxicos con el cocinado y aún peor, con la manipulación industrial de la comida procesada.

Zumos: azúcar, fructosa y edulcorantes.

La mayor parte del azúcar de la fruta (fructosa) que ingerimos proviene de los refrescos y los zumos (Vos 2008). La fructosa es un monosacárido como la glucosa que se usa por su bajo coste y por tener mayor capacidad endulzante que esta última (sobre todo acompañada de edulcorantes). Al ser menos insulinogénica que la glucosa (unas cuatro veces menos), se usó como sustituto de esta, como una posible alternativa más saludable. Sin embargo, los índices glucémicos o las cargas glucémicas no son medidas muy precisas del impacto metabólico de los carbohidratos. Sullivan 1991 comparó el efecto de complementar el desayuno con un zumo de naranja o un refresco azucarado (Cocacola). Encontró que ambos aumentaban la glicemia de forma similar, poniendo en duda la conveniencia de recomendar el consumo de zumos de frutas debido a que contribuyen al aumento de la glicemia. Metabólicamente la fructosa causa un aumento rápido de los niveles de ácido úrico, aumenta el nivel de colesterol LDL (Swanson 1992) y disminuye los niveles de óxido nítrico (neurotransmisor que regula la dilatación endotelial), provocando rigidez, y quedando los capilares progresivamente sin aporte sanguíneo y las células que dependen de ellos sin suministro, lo que se traduce de nuevo en una disfunción en la oxigenación. La fructosa produce una sobreproducción de triglicéridos, por encima de la glucosa (Bentle 2000). Además se asocia a menor saciedad y mayor lipogénesis que otros azúcares. Epidemiológicamente el aumento en el consumo de fructosa se correlaciona con un aumento del síndrome metabólico. Hosseini Estefahani et al 2011 observaron que la fructosa se correlaciona positivamente con mayor incidencia de diabetes entre la población que la consume. La fructosa, a diferencia de la glucosa, se metaboliza enteramente en el hígado, lo que puede crear un sobreesfuerzo metabólico en este órgano. Jung Sub Lim (Nature 2010) encuentra mecanismos que relacionan la fructosa con el desarrollo de hígado graso y el síndrome metabólico.

Epidemiología

La razón por la que el zumo y no la fruta entera se asocia con diabetes y síndrome metabólico puede estar mediado por la falta de pulpa y fibra y algunos fitoquímicos disponibles en éstos, el estado líquido que acelera la digestión y la alta carga glucémica y transporte de fructosa.

Edulcorantes y diabetes

El estudio MESA (Nettleton et al 2009) en la Universidad de Texas concluye que el consumo de un refresco “light” al día se asocia a un aumento de un 36% del riesgo de síndrome metabólico y un aumento aún mayor del riesgo de desarrollar diabetes. Las conclusiones preeliminares de la Conferencia de American Stroke Association 2011 todavía no publicadas,  han encontrado mayor riesgo de infarto entre los consumidores de edulcorantes que entre los consumidores de refrescos con azúcar, por lo que mucho ojo con las conclusiones precipitadas en torno a estas sustancias.

Merece la pena señalar que la recompensa neurológica ante el sabor dulce es alto, en estudios realizados en ratas (Lenoir 2007).
Resumiendo:

 

Se necesitan pruebas de alto nivel para cambiar las recomendaciones, lo cual es irónico porque nunca tuvieron pruebas de alto nivel para establecerlas.

Dr. Walter Willet

 

Endnotes:
  1. OMS: http://www.who.int/mediacentre/events/annual/world_diabetes_day/es/index.html

Source URL: http://www.muscleblog.es/2011/10/los-zumos-de-frutas-se-asocian-con-diabetes-obesidad-y-baja-estatura/