Salud evolutiva

by Fisio | 13/05/2013 15:26

La evolución es un marco teórico interesante para reflexionar sobre la salud. Quizás a algunos no les diga demasiado, pero aquellas cosas más esenciales son las que a menudo damos por sabidas y pasamos por alto.

La biología tiene un principio fundamental por encima del resto: la capacidad de adaptación y autorregulación. Todos hemos oido hablar de Darwin y de la teoría de la evolución de las especies, pero no mucha gente entiende lo que significa y como los organismos se adaptan al medio. Imaginad unas mariposas blancas que han logrado prosperar en unos árboles de corteza clara, donde quedan camufladas razonablemente a salvo de depredadores. Cómo llegaron a ser blancas? Vamos a suponer que, por alguna causa, la corteza de los árboles cambia de color y se vuelve oscura. Cómo actuaría la evolución? Las mariposas totalmente blancas serían en ese entorno las más visibles para los insectos depredadores, por lo que, por mera probabilidad, serán las más facilmente localizables y por lo tanto cazadas, por lo que la descendencia de mariposas blancas decrecería progresivamente. Las mariposas menos blancas (con algunas motas oscuras), tendrán sin embargo alguna probabilidad mayor de sobrevivir, más, mientras más oscuras sean sus características. Por lo tanto estas mariposas con algunas motas oscuras podrán procrear, y tendrán hijos a su vez con motas oscuras. Y mientras más motas oscuras tengan los hijos, a su vez, más probabilidades tendrán de sobrevivir y volver a procrear, haciéndose esta característica más fuerte generación tras generación. En unos años, todas las mariposas serán oscuras, hasta alcanzar un equilibrio óptimo con el color de los árboles. Sin embargo, siempre existirán individuos con ciertas variantes. La naturaleza ha dotado a los seres vivos con cambios espontáneos y aleatorios en los genes (polimorfismo) para asegurar una variedad biológica que permita que la especie tenga cierto margen de reacción ante un posible cambio en cualquier dirección. La evolución no es perfeccionamiento, es solo adaptación.

Al igual que en la naturaleza, donde algo tan trivial como el color de los árboles tiene profundas influencias en la biología de los seres que los habitan, nuestro cuerpo, nuestros órganos y nuestras células tienen un delicado equilibrio hacia nuestro entorno. Desde que éramos protomamíferos, hace millones de años, hemos vivido en un entorno que podríamos considerar relativamente estable en algunos aspectos básicos. Siempre ha existido luz por el día y oscuridad por la noche. Los alimentos se basaban en pasto, carroñeo, caza, frutas, frutos, semillas, raices o tubérculos. En lugar de abundancia, el organismo soportaba épocas de hambre y escasez. El día a día requería actividad intensa: caminatas a por agua, comida, recolectar o cazar. Existía abundante contacto con espacios abiertos, con el sol y con la tierra. Nuestras células llevan millones de años interactuando a nivel genético con un entorno que hemos cambiado radicalmente, tras la introducción de la agricultura y especialmente con la revolución industrial. Nuestros genes, células y órganos, a través de la filogénesis, se han adaptado para reconocer y trabajar con determinados elementos: agua, minerales, proteínas, grasas, fitoquímicos… y el resto de moléculas que conforman el medio externo. Lo natural no es que sea bueno o malo de forma intrínseca. No es una teoría hippy. Sencillamente, es lo que nuestras células reconocen a lo largo de una adaptación al medio de millones de años. Nuestros genes son portadores de esa información del medio recogida a través de cambios epigenéticos y de selección natural, y para eso sirven: aportan información a los organismos que vienen al mundo sobre el medio en el que van a vivir. Si llevábamos millones de años con una maquinaria celular perfectamente programada para reconocer y trabajar con ciertas moléculas, en sólo unas pocas décadas hemos empezado a inundar nuestro ambiente con moléculas que nuestro cuerpo no reconoce y no sabe como metabolizar (xenobióticos), a través de la exposición a productos químicos, fármacos, alimentos procesados y productos refinados, aditivos alimentarios y la propia contaminación de la tierra y de las aguas que acaban en todos los alimentos que ingerimos.

Los cambios producidos en nuestros hábitos y nuestro entorno gracias a la comodidad de ciertas tecnologías y al uso de sustancias químicas han sido, desde el punto de vista evolutivo, cambios muy bruscos que producen inestabilidad en nuestro equilibrio biológico.

Nutrición evolutiva

Incluso cuando bebemos agua estamos ingiriendo metales pesados y residuos de xenobióticos. Todos los alimentos están igualmente contaminados en mayor o menor medida. En el cordón umbilical de los bebés se han hallado cientos de sustancias químicas ya antes de nacer (1[1]). Nuestras células, y nuestro sistema inmune no reconoce estas moléculas, por lo que producen una respuesta autoinmune e inflamatoria, induciendo cambios permanentes y heredables en la expresión genética (2[2]). Estas sustancias provocan cambios malignos en las células, además de alteraciones endocrinas al ser estructuralmente análogas a ciertas hormonas, siendo capaces de acoplarse a receptores que inician una cascada de cambios activando kinasas (JAK y otras) y encendiendo factores de transcripción (3[3]). Nuestro organismo tiene cierta capacidad de adaptación, fundamentalmente a través de enzimas hepáticas que activan y conjugan los xenobióticos (glucuronidación, sulfatación), pero insuficiente para inactivar la exposición ambiental constante a la que nos vemos sometidos. Sabemos sin lugar a dudas que la alimentación procesada produce mayor mortalidad y enfermedades de todo tipo. Curiosamente aquellos alimentos con más sustancias procesadas y aditivos.

Nuestra alimentación ha estado formada desde hace millones de años por vegetales, frutas, frutos, raices, tubérculos y carne fundamentalmente, pesca y más recientemente ciertos cultivos. Dependiendo del tipo de alimentos que ingerimos, se producen cambios en la expresión de nuestros genes, además de en nuestra colonia de bacterias que conforman algo conocido como bacterioma (tenemos nueve bacterias por cada célula, que cooperan en infinidad de procesos metabólicos). Si las bacterias y nuestros genes están adaptados a ciertos alimentos, un cambio drástico hacia una dieta refinada, pobre en nutrientes y alta en calorías destruye el equilibrio de las colonias de bacterias y el equilibrio endocrino. Ciertos alimentos disparan procesos autoinmunes y modifican la población de bacterias. Por ejemplo se ha hallado que la restricción del gluten hacia una dieta alta en verduras cambia la flora intestinal y mejora la artritis reumatoide (4[4]). También se han reportado casos de remisión de diabetes tipo I a través de dietas sin gluten (5[5]). Antes de tratar los procesos autoinmunes atiborrando a la gente a pastillas, no deberíamos comenzar eliminando aquello que los dispara?

Los alimentos también influyen en los neurotransmisores (éstos se forman gracias a los aminoácidos de las proteínas que ingerimos con la dieta, influyendo en el rendimiento intelectual) y en hormonas como la insulina, el glucagón, el cortisol, la leptina, los eicosanoides, los estrógenos, los andrógenos, etc. Las dietas altas en carbohidratos producen cambios metabólicos que se asocian a largo plazo con declive cognitivo (6[6]), pero no si éstos proceden de frutas y especialmente verduras y hortalizas, cuyo efecto es neuroprotector (7[7]).

Qué sentido evolutivo tiene en un mamífero que el colesterol o la grasa sea mala para la salud? Poco. Como sucede con las mariposas, y pese a que nuestros antepasados no vivían tantos años como nosotros (lo que podría convertir en evolutivamente estable una estrategia que favorezca la ingesta calórica a corto plazo sobre los efectos nocivos sobre la salud a largo plazo), si el colesterol o la grasa hubiera sido mala para la evolución de la especie, nuestros ancestros habrían desaparecido, sobreviviendo aquellos que tuvieran un organismo con alguna variante genética que lo metabolizara con ventaja. A pesar de la campaña anticolesterol de las asociaciones de cardiología (con claros conflictos de intereses económicos), la epidemiología muestra que no es el colesterol, ni la carne roja, sino la carne procesada aquella que se asocia con una mayor incidencia de cardiopatías y mortalidad (8[8]),(9[9]). Lo que sí tiene un gran sentido evolutivo es enfermar por tomar aceite de vegetales, grasas procesadas (como las hidrogenadas) y pseudocomida de harina como recomendaban las pirámides nutricionales de los gobiernos. Reducir la ingesta de grasa saturada y sustituirla por aceites vegetales aumenta el riesgo cardiovascular y la mortalidad (10,[10]11[11],12[12]). Igualmente las dietas bajas en grasas producen alteraciones neuroendocrinas y aumento de peso (13[13]).

Nuestro organismo tampoco está optimizado para metabolizar comida durante todo el día. Al contrario, estamos optimizados para soportar periodos de ayunas. La ciencia nos vuelve a demostrar que la evolución es compatible con la epidemiología disponible. El ayuno y las dietas hipocalóricas son beneficiosas para la salud, protegiéndonos contra las enfermedades crónicas (vía activación de la kinasa AMPK entre otros) y posiblemente aumentando la esperanza de vida (14[14],15[15]). Por contra, sabemos perfectamente que las personas con sobrepeso presentan todo tipo de problemas de salud y menor esperanza de vida.

Debemos andar muy perdidos si necesitamos estudios científicos para darnos cuenta que si, por ejemplo como sucede con la leche comercial, le destruyes las fracciones protéicas, las enzimas, las vitaminas y los minerales, y le metemos un coctel de farmacos y pesticidas, eso tiene consecuencias negativas para la salud (16[16],17[17]). De verdad hacen falta estudios científicos para esto? Nos hemos vuelto tontos con esto de la ciencia?

Exposición al sol y ciclos de luz

Los ciclos de luz nos daban la señal para iniciar la actividad metabólica, ya que pasábamos el día en exteriores y la noche refugiados. Ciertos grupos de neuronas se adaptaron a estos ciclos, regulando las hormonas a partir de la activación a través de las señales lumínicas marcando los ritmos circadianos. Hoy nos encerramos durante el día en nuestros trabajos (la luminosidad artificial es 100 veces menor que la exterior medida en lux), y durante la noche nos encerramos en nuestras casas y encendemos las luces.

Hemos perdido la sincronía con las señales lumínicas mediante las que ciertos grupos de neuronas se guiaban (núcleo supraquiasmático a través de sus conexiones directas con la retina), ciertas células de la piel iniciaban procesos metabólicos (síntesis de vitamina D a través de la radiación UVB y 7-dehidrocolesterol) y la fisiología del sistema cardiovascular se regulaba (los vasos sanguíneos tienen receptores de vitamina D). De hecho una breve exposición a rayos UVB es tan eficaz como los fármacos antihipertensivos (18[18]). Igualmente, la exposición a la luz es tan efectiva como los fármacos para algunos trastornos del estado de ánimo (19[19]). Por desgracia, las terapias naturales son ignorante e interesadamente machacadas desde el sector cientista.

Sabemos que los trabajadores nocturnos tienen una mayor mortalidad y una mayor incidencia de enfermedades crónicas como el cancer o las cardiopatías (20[20]). Es decir, aquellos que han perdido sincronía de forma más dramática con los ciclos de luz. Aún más acusado es el impacto sobre la salud del trabajo a turnos, en el que existe una disrupción total con los ritmos biológicos. A pesar de lo que dicen las asociaciones de dermatología, muchos tipos de cancer y una inmensidad de enfermedades se asocian a la falta de exposición a la luz del sol (21[21]). Qué lógica evolutiva tiene para ningún animal que la exposición cotidiana al sol sea tan dañina? O se equivoca Darwin, o los dermatólogos han exagerado. Y Darwin era demasiado observador, inquieto y listo.

Actividad física

El movimiento produce una intensa activación a nivel metabólico y genético, cuyo interruptor son los cambios mecánicos que suceden con la actividad. Nuestro sistema endocrino está evolutivamente diseñado para responder a la actividad. Cuando realizamos actividad física, existen profundos cambios a nivel hormonal y neuroendocrino: a nivel de melatonina, serotonina, dopamina, citoquinas, testosterona, cortisol y un impresionante etcétera. Hace unas décadas hemos empezado a trabajar sentados durante la mayor parte del día, sumado al coche, al sofá y a la cama, por lo que toda esta regulación metabólica se ha frenado en seco. No existe ninguna intervención de carácter biomédico capaz de actuar en todos y cada uno de estos sistemas, y restaurar su equilibrio.

La actividad física también produce cambios epigenéticos que regulan el recambio de los tejidos a partir de señales mecánicas que se inician con el movimiento, a través de procesos conocidos como mecanotransducción. Es decir, las pequeñas fuerzas de tracción y compresión en los tejidos que ocurren con el movimiento encienden determinados genes que producen proteínas, encienden factores de transcripción o programan el recambio celular. Por ejemplo, la artrosis es considerada un desgaste articular. Error! El movimiento es exactamente lo contrario, activando la reparación celular. Los problemas musculoesqueléticos se han tratado de asociar a la estructura, al desgaste, a los antiinflamatorios, a “sentarse recto”… de nuevo interpretaciones desafortunadas sobre la salud. Por ejemplo los obesos tienen más artrosis, no solo en articulaciones con carga como las rodillas que soportan el peso, sino en articulaciones sin carga como las manos, lo que implica alteraciones a nivel endocrino y genético (22[22]). Los corredores no tienen más incidencia de artrosis a nivel radiográfico que los no corredores, y a nivel funcional, tienen menos dolor y menos problemas a largo plazo a lo largo de su vida. Esto es así incluso los corredores de larga distancia que sobrepasan con mucho el nivel razonable de actividad activando procesos catabólicos e inflamatorios en los tejidos (23[23]).

Desde que hemos iniciado nuestra vida sedentaria, algo inédito en la evolución, esos genes que antes se activaban, ya no lo hacen. Las hormonas que tenían un equilibrio mediado por la actividad física, se encuentran en un desequilibrio patológico para nuestra salud. Especialmente, nuestro tejido musculoesquelético es un inmenso órgano endocrino secretor de citoquinas, pero también el movimiento activa cambios metabólicos en las células de las articulaciones, de los huesos, de las neuronas (la actividad física es neurogénica, neuroprotectora y antidepresiva). La ciencia muestra claramente que la actividad se relaciona con la salud y la longevidad, protegiéndonos de casi todas las enfermedades crónicas existentes: cancer, diabetes, dolor crónico, depresión, hipertensión, cardiopatías, osteoporosis, declive cognitivo, depresión etc.(24[24]),(25[25]),(26[26]),(27[27]),(28[28]),(29[29]),(30[30]),(31[31]),(32[32]),(33[33]). Económicamente, el ejercicio físico ahorra unos 1000 euros por persona y año al Estado (34[34]), por lo que su deliberada omisión en el Sistema Nacional de Salud en favor de fármacos de dudosa eficacia y alta toxicidad, como los fármacos cardioprotectores o los antidepresivos (35[35],36[36]), deja claro que los intereses corporativistas y económicos dirigen de forma opaca la sanidad en perjuicio de nuestra salud y de nuestros impuestos, derivados hacia el beneficio de las multinacionales con total impunidad. Políticos y comisiones mediante.

Psicología

Si dependiendo del tipo de alimentos que ingerimos se producen cambios endocrinos y en la expresión de nuestros genes, lo mismo sucede a nivel cognitivo cuando pensamos o cuando realizamos conductas: la expresión genética de nuestras neuronas se activa, y con ello, la expresión de neurotransmisores. Por lo tanto, cada día vamos construyendo nuestro cerebro, a través de la síntesis de redes neuronales mediante un proceso conocido como neuroplasticidad. Si una persona es malhumorada, con el tiempo, entrará en una espiral de genes que se activan para construir redes neuronales con el fin aumentar esos circuitos de información relacionados con el mal humor, ya que lo que percibe la biología del cerebro es que hay algún tipo de amenaza y que debe amplificar la atención hacia la información de eso que la persona percibe que es importante para su supervivencia. El gruñón o el optimista, acaba siéndolo estructuralmente. El cerebro se va construyendo día a día hacia donde cada persona decida. Por ejemplo, los taxistas tienen un área conocida como el hipocampo de mayor tamaño que la media de las personas. Allí es donde han generado inmensas redes neuronales donde almacenan el mapa espacial de la ciudad. Lo mismo sucede con las personas ciegas que leen braille, la representación cortical de sus dedos se expande, incluso hacia las áreas relacionadas con el procesamiento de la información visual. Solo imaginar que se hace ejercicio aumenta la fuerza, e imaginar que se toca el piano aumenta la destreza.

Fármacos, sustancias químicas y salud

Las enfermedades crónicas son fruto de la incapacidad de nuestro organismo de tolerar cambios tan drásticos en nuestro estilo de vida. La inmensidad de enfermedades que están batiendo records: depresión, osteoporosis, osteopenia, dolor crónico, diabetes, infartos, cancer, etc, tienen como origen en buena medida una pérdida de la sincronía biológica con nuestro entorno, expresión de años de cambios genéticos y metabólicos en una dirección nociva. La medicina y la industria química nos han vendido la historia de que los cambios producidos durante décadas en los genes de nuestro cuerpo, en el perfil endocrino, en las colonias de bacterias que interactuan con nosotros, o en las redes neuronales, se revierten comprándoles alguna sustancia química. Lo cual es conceptualmente ridículo. De tal error de concepción, semejante fracaso. Las previsiones de la OMS para los próximos años estiman que el número de muertes por diabetes se va a duplicar en el mundo. Es la consecuencia de contar mentiras a la sociedad y de crear un sistema de salud dirigido hacia la venta de fármacos en lugar de hacia la promoción de hábitos saludables.

El primer objetivo de una multinacional es la expectativa de retorno de la inversión para sus accionistas, no crear fármacos que mejoren la calidad de vida. La pregunta que se hacen los directivos de las multinacionales farmacéuticas no es “qué enfermedad afecta más a la humanidad y deberíamos curar?”. La pregunta que se hacen es: cuál es el mercado de mayor crecimiento en los próximos años? El “colesterol”? Pues allá que vamos.

Con la llegada de la química, hemos solucionado enfermedades importantes, en su inmensidad aquellas derivadas de la falta de higiene. Ha supuesto un gran avance, no lo pongo en duda. Sin embargo, hemos creado enfermedades nuevas derivadas de una sobreexposición a sustancias químicas, es decir, de un abuso innecesario que no se hace pensando en nuestra salud o en solucionar el hambre en el mundo, como nos quieren vender determinados personajes. El mensaje que se ha mandado a la sociedad de que las sustancias químicas son seguras es muy dañino, porque crean una falsa sensación de seguridad y aumenta la exposición a las mismas. El procesamiento UHT de la leche pensando en nuestra salud? Las grasas hidrogenadas pensando en nuestra salud? Rociar con pesticidas la comida por nuestra salud? Cuando la industria química, a través de sus científicos, nos cuenta que las sustancias químicas que introducen al mercado son inocuas a bajas dosis… si es que es imposible! Nuestras células detectan las moléculas extrañas y producen una respuesta mediada por la expresión de ciertos genes que inician una respuesta inflamatoria y autoinmune. La trampa que hacen al evaluar la seguridad de las sustancias químicas es realizar estudios que solo tienen una duración de algunos meses, en ratas, y además, con cada sustancia de forma aislada e independiente, es decir, estudiando cada molécula por separado. Nosotros estamos expuestos a miles de sustancias químicas de forma conjunta durante décadas, no a una sola durante unos meses, por lo que esos estudios de seguridad de las sustancias químicas no son más que una tomadura de pelo. Una sola exposición a un fungicida aprobado para su uso en cultivos altera la epigenética, la actividad neural y el comportamiento de animales de laboratorio pasadas 3 generaciones. Las consecuencias de estos productos actuarán en los genes de nuestros nietos y generaciones posteriores aún sin que ellos se expongan a estas sustancias (37[37]). Otra cosa es que en ciertas situaciones, los beneficios compensen los riesgos, pero dejen de mentir y de decir que no pasa nada.

La realidad es que cambios en nuestro estilo de vida que pongan en marcha la actividad de nuestros genes y nuestro metabolismo en la dirección correcta pueden reemplazar la mayoría de pastillas que nos venden. Los fármacos que usualmente son efectivos son aquellos destinados a situaciones urgentes y que actúan a corto plazo. Los fármacos que habitualmente son un fraude, son aquellos destinados a controlar lucrativas enfermedades crónicas. La mayor parte del gasto sanitario no se destina a salvar vidas, sino a medicalizar enfermedades inventadas (colesterol, prediabetes…) o tapar los síntomas que producen las enfermedades crónicas en base a estudios de surrogate endpoints. Es llamativo que mientras se invierten miles de millones en pruebas diagnósticas inventando marcadores y fármacos fraudulentos, el servicio que realmente salva más vidas (urgencias), sea el más precario y desatendido. Aún más llamativo es que se destine todo el presupuesto de sanidad a tratar las enfermedades una vez establecidas, y no se dedique nada a prevenir que la gente enferme. Nutrición, clases de cocina, fisioterapia, psicología, actividad física, promoción de la salud, etc. Eso sería un Sistema Nacional de Salud. Lo que tenemos ahora es un sistema nacional de enfermos y compraventa de fármacos con los impuestos de los ciudadanos.

Lo siento, pero me sobran diagnósticos, fármacos, científicos, batas blancas y me falta pedagogía y promoción de la salud. Me faltan medios de comunicación, divulgadores y congresos científicos que cuenten a la gente lo que se le está ocultando, y que hablen de salud, en lugar de charlatanería científica. Desafortunadamente, incluso lo que se disfraza como “divulgación científica” no es más que propaganda destinada a promocionar enfermedades, tecnología biomédica y fármacos. Qué más necesitamos para entender que la pérdida de sincronía biológica con nuestro entorno está en el origen de casi todas las enfermedades crónicas?

 “Quien entienda a los primates hará más por comprender la esencia del ser humano que el filósofo John Locke”. Charles Darwin.

 

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Endnotes:
  1. 1: http://www.ewg.org/research/body-burden-pollution-newborns
  2. 2: http://www.pnas.org/content/early/2012/05/15/1118514109.abstract
  3. 3: http://endo.endojournals.org/content/138/5/1780.long
  4. 4: http://rheumatology.oxfordjournals.org/content/41/8/950.full
  5. 5: http://casereports.bmj.com/content/2012/bcr.02.2012.5878.abstract
  6. 6: http://psychcentral.com/news/2012/10/18/diet-high-in-sugar-carbs-linked-to-cognitive-decline/46279.html
  7. 7: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ana.20476/abstract
  8. 8: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1365-2753.2011.01767.x/abstract
  9. 9: http://www.hsph.harvard.edu/news/press-releases/processed-meats-unprocessed-heart-disease-diabetes/
  10. 10,: http://www.bmj.com/content/346/bmj.e8707
  11. 11: http://www.jclinepi.com/article/S0895-4356%2898%2900018-3/abstract
  12. 12: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8960090
  13. 13: http://jama.jamanetwork.com/article.aspx?articleid=1199154
  14. 14: http://www.jacn.org/content/28/4_Supplement_1/500S.long
  15. 15: http://www.nature.com/nature/journal/v489/n7415/full/nature11432.html
  16. 16: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17761012
  17. 17: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21875744
  18. 18: http://www.bu.edu/phpbin/researchbriefs/display.php?id=103
  19. 19: http://ajp.psychiatryonline.org/article.aspx?articleid=177447
  20. 20: http://informahealthcare.com/doi/abs/10.3109/07420528.2012.675262
  21. 21: http://www.pnas.org/content/105/2/668.abstract
  22. 22: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8823696/
  23. 23: http://www.ajpmonline.org/article/S0749-3797%2808%2900353-X/abstract
  24. 24: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1413959/
  25. 25: http://jap.physiology.org/content/98/4/1154
  26. 26: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21545927
  27. 27: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17148741
  28. 28: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20093971
  29. 29: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11570120
  30. 30: http://circ.ahajournals.org/content/107/1/e2.full
  31. 31: http://www.uab.es/servlet/Satellite?c=Page&cid=1096476786473&pagename=UAB%2FPage%2FTemplatePlanaDivsNoticiesdetall&noticiaid=1305612668505
  32. 32: http://www.kurtis.it/aging/en/abstract.cfm/1799
  33. 33: http://www.cancer.gov/cancertopics/factsheet/prevention/physicalactivity
  34. 34: http://www.europapress.es/00667/20130102140341/actividad-fisica-diaria-reduce-gasto-sanitario-1000-euros-adulto-activo.html
  35. 35: http://archinte.jamanetwork.com/article.aspx?articleid=416105
  36. 36: http://psycnet.apa.org/index.cfm?fa=buy.optionToBuy&id=2002-14079-013
  37. 37: http://www.pnas.org/content/early/2012/05/15/1118514109.abstract

Source URL: http://www.muscleblog.es/2013/05/salud-evolutiva/