Es difícil escuchar el concepto de terapias alternativas sin temerse lo peor, (y con razón). Pero la paradoja es que las terapias alternativas son tan científicas como cualquier otro suceso observable y cuantificable, y por lo tanto, lo crítico es saber diferenciar la ciencia detrás de las terapias alternativas del curanderismo de “terapeutas” de toda clase que manosean este tipo de conceptos desde la más absoluta ignorancia. Por otro lado, tenemos el reduccionismo de una sanidad absolutamente medicalizada y monopolizada por la industria farmacéutica cuya salida es administrar pastillas a diestro y siniestro, maleducando de paso a una sociedad que se ha acostumbrado a poner su salud cómodamente en manos de una pastilla. Para cualquier enfermedad disponible, hay una pastilla disponible que vender. El problema es que el cuerpo no funciona así. Los genes de las células que determinan el metabolismo y la correcta función del tejido u órgano se expresan por procesos tan dispares como mecanotransducción (movimiento en el caso de los tejidos articulares), activación de múltiples vías sensitivas que responden ante diferentes estímulos (táctiles por ejemplo), activación de circuitos neuronales que responden ante distintas cogniciones (pensamientos), activación enzimática mediante mensajeros endocrinos (hormonas), e incluso modulación del sistema inmune por receptores sensibles a los glucocorticoides o por conexión neuronal con el sistema límbico (encargado del procesamiento emocional), o la modulación epigenética de todos los órganos del cuerpo humano inducida por la nutrición diaria. En Cristiano Doc! La multiplicidad de células, tejidos y órganos del cuerpo humano, sus genes y sus procesos metabólicos son continuamente modulados por toda nuestra actividad vital, desde el movimiento, al pensamiento o la conducta. Todo está constantemente influyendo sobre nuestros genes. Una pastilla no puede, nunca, suplir todos estos mecanismos vitales. En el caso de los antidepresivos, sabemos además que la eficacia de los mismos a menudo no es mayor que la de un placebo (fármaco falso que se usa para comparar resultados y evitar la sugestión en las expectativas al mismo), como muestra una revisión de Kirsch en 2008.
La depresión es una enfermedad con influencia genética, hormonal, inmunológica, bioquímica, neurodegenerativa, y con una marcada dimensión psicosocial y cognitiva. A nivel bioquímico, la inflamación podría tener un papel clave en la etiología de esta enfermedad, y conocemos el link entre ciertos perfiles dietéticos y la inflamación subclínica. La adherencia a la dieta mediterránea se correlaciona con niveles bajos de marcadores inflamatorios, y la dieta típica occidental rica en carbohidratos refinados se asocia con altos marcadores inflamatorios (Liu, Manson 2002). La nutrición por otra parte afecta de forma determinante a la fisiología neural (Gomez-Pinilla 2008). Se sabe que la gente deprimida toma más comida basura, aunque debido al diseño transversal de los estudios realizados en este momento, no sabemos si la comida basura es causa directa de una mayor incidencia de depresión, o si bien es consecuencia de la misma, y la gente deprimida busca estimular los mecanismos de recompensa cerebrales a través de la comida basura, del dulce, etc. (Jacka, Pasco et al, American Journal of Psychiatry 2010).
Se necesitan por tanto futuros estudios prospectivos que ayuden a determinar la causalidad del factor dieta en la depresión. Sabemos por otro lado que la restricción calórica, más allá de los efectos contrastados sobre la salud en general, tiene efectos neuroprotectores en particular (Maalouf 2009).
Como estamos hablando de enfermedades, con las que además se sufre mucho, perdonad que me ponga serio y riguroso. Este artículo no constituye ni sustituye ningún diagnóstico psicológico o psiquiátrico. No te autodiagnostiques ni te automediques. Utiliza la información contenida en Muscleblog sabiamente y lee los artículos de internet con responsabilidad. Si sientes que tienes pocas ganas de vivir, te ves incapaz de superar el día a día, paralizado por la ansiedad, incapaz de levantarte de la cama, incapaz de dormir o sin ganas de comer, por favor, consultalo con un psicólogo sin demora.
Cómo pensamos.
Mientras nuestros centros superiores de aprendizaje se van formando (cortex) durante la infancia, necesitamos un sistema ya instaurado, que nos permita sobrevivir. Este sistema que todos los animales tenemos de serie antes de que aprendamos, son las emociones. Antes de saber formal y razonadamente que un león es uno de los animales que puede vernos como su desayuno, y aprender su forma, tamaño y color para saber reconocerlo, necesitamos un impulso más básico que nos hace huir si vemos uno, como es el miedo. Ese cerebro primitivo de las emociones es lo que nos ha permitido sobrevivir durante la evolución. Gracias a él somos capaces de reconocer el placer (sistema de recompensa hormonal) y nos alejamos del dolor. Los animales siguen tomando decisiones en base a este sistema. Nosotros sin embargo tenemos la habilidad de decidir que hacer con esa información del cerebro primitivo. Por ejemplo, si estás a 50 metros de altura y cayendo a toda velocidad, tu cerebro primitivo te alertará con una profunda sensación de miedo para que intentes escapar, pero si estás en un parque de atracciones, el córtex habrá reconocido que en realidad no hay peligro porque estás montado en una atracción, y modulará a la baja los impulsos del cerebro primitivo, con lo que la sensación de miedo en la montaña rusa se hace tolerable. Este sistema de paso de información entre el cerebro primitivo de las emociones y los centros superiores de toma de decisiones, es el que está detrás de un gran número de problemas psicológicos.

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