La depresión es la condición psicológica más común por la que la gente busca ayuda. Hipócrates trató de acercarse a ella refiriéndose a estados de inhibición y tristeza con el término melancolía. Freud en las últimas etapas explicaba la depresión como un superyo excesivamente exigente, que genera un sentimiento sobredimensionado del deber y de culpa. Las teorias psicoanalíticas más actuales lo enfocan como una sensibilización ante la pérdida en etapas críticas de la vida. El modelo cognitivo de Beck analiza la depresión a través de las distorsiones en el procesamiento de la información que produce. Conductualmente la depresión es explicada a partir de la reducción de conductas, y con ello, la reducción de los refuerzos positivos que las acompañan. Los modelos de indefensión a partir del trabajo de Seligman explican la depresión a partir del aprendizaje. La depresión como mecanismo adaptativo es una respuesta ante problemas complejos, sosteniendo el análisis y centrando los recursos cognitivos en uno mismo, y reduciendo el deseo de actividades que puedan distraer el foco de atención. Desde las teorías sociales de procesos de atribución de causas, la depresión se halla relacionada estadísticamente con el estilo atribucional de la persona (locus, estabilidad, controlabilidad). Existen por lo tanto numerosos cambios documentados a nivel de aprendizaje, emociones, conducta, procesamiento de información, y un largo etc.
Toda esta riqueza conceptual y pedagógica, profunda y brillante en su concepción, desaparece del mapa científico y sanitario para reducir la depresión a un supuesto desequilibrio bioquímico y así teledirigir la producción científica hacia la venta de fármacos. Evidencia científica es, ni más ni menos, lo que se quiera financiar. Por lo tanto, someter la clínica a la dictadura de la ciencia puede suponer destruir la diversidad conceptual y derivarla, bajo el ilusionismo de la objetividad científica, hacia una uniformidad de pensamiento basado en conclusiones financiadas por la industria. Pero, y si además, como veremos, ese desequilibrio bioquímico es una oportuna invención y los estudios son uno de los mayores fraudes jamás contados de la medicina? No debería ser complicado demostrar si un fármaco funciona. Sin embargo, se ha creado un sistema tan opaco y manipulado que ni el paciente tiene acceso a información objetiva y amplia sobre su problema, ni se le da la posibilidad de elegir su terapia, ni entiende lo que toma, ni el médico lo que le prescribe.
El paradigma evolutivo está tomando fuerza nuevamente en la literatura científica tras décadas en el olvido. Nuestros genes están adaptados a un trabajo muscular intenso de cientos de miles de años de caza, recolección y caminatas buscando comida o agua. De hecho, la mayor parte de nuestro cerebro está destinada al movimiento. No habríamos desarrollado cognición si no pudiéramos ejecutar conductas. El cerebro, a través del movimiento, regula la función vascular, la oxigenación del sistema nervioso, el neurotrofismo, la expresión genética, el sistema inmune y la cascada de eicosanoides… todos estos mecanismos se han visto drásticamente regulados a la baja con nuestra vida actual.


La proteína de suero es utilizada como suplemento dietético en el ámbito deportivo amateur y profesional. Es una proteína altamente biodisponible para la síntesis protéica en el musculo esquelético, por lo que es una buena opción para mantener y aumentar la masa muscular junto con un programa de ejercicio y nutricional adecuado. Se obtiene a partir de los lácteos mediante deshidratación y distintos procesos de filtración, obteniéndose un polvo rico en aminoácidos esenciales y no esenciales con un completo aminograma. Sin embargo no todas las proteínas del mercado son iguales, ni de lejos. Muchas fracciones protéicas se pierden en algunos procesos de filtración, como es el caso de la coagulación del concentrado de suero y del intercambio iónico por alteraciones del PH, destruyéndose el plegamiento de las proteínas (desnaturalización) y con ello su valor biológico y su potencial sobre el sistema inmunológico.Varias de estas fracciones protéicas que se han perdido en la alimentación han demostrado fortalecer el sistema inmune, combatir infecciones y destruir células tumorales.
No hay ninguna duda de que los azúcares epidemiológicamente se asocian con obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, etc. (Malik 2011 y otros). El consumo elevado de carbohidratos lleva a una sobreproducción crónica de insulina, y esto conduce a resistencia a la misma y subsecuentemente hiperglicemia, inflamación y estrés oxidativo crónico (HU, Harvard 2010 y Monnier 2006 en JAMA), que desemboca en síndrome metabólico (hipertrigliceridemia, hipertensión, hiperinsulinemia, hiperglicemia) y finalmente en diabetes.
Es difícil escuchar el concepto de terapias alternativas sin temerse lo peor, pero las terapias alternativas son tan científicas como cualquier otro suceso observable y cuantificable, y por lo tanto, lo crítico es saber diferenciar la ciencia detrás de estas terapias del curanderismo de “terapeutas” de toda clase que manosean este tipo de conceptos desde la más absoluta ignorancia. Por otro lado, tenemos el reduccionismo de una sanidad absolutamente medicalizada y monopolizada por la industria farmacéutica cuya salida es administrar pastillas a diestro y siniestro, maleducando de paso a una sociedad que se ha acostumbrado a poner su salud cómodamente en manos de una pastilla. Toda enfermedad es taxonomizada a gusto de las farmacéuticas para encajar con algún fármaco. Sin embargo el cuerpo humano no funciona así. Los genes de las células que determinan el metabolismo y la correcta función del tejido u órgano se expresan por procesos tan dispares como mecanotransducción (movimiento en el caso de los tejidos articulares), activación de múltiples vías sensitivas que responden ante diferentes estímulos (táctiles por ejemplo), activación de circuitos neuronales que responden ante distintas cogniciones (pensamientos), activación enzimática mediante mensajeros endocrinos (hormonas), e incluso modulación del sistema inmune por receptores sensibles a los glucocorticoides o por conexión neuronal con el sistema límbico (encargado del procesamiento emocional), o la modulación epigenética de todos los órganos del cuerpo humano inducida por la nutrición diaria. En Cristiano Doc! La multiplicidad de células, tejidos y órganos del cuerpo humano, sus genes y sus procesos metabólicos son continuamente modulados por toda nuestra actividad vital, desde el movimiento, al pensamiento o la conducta. Todo está constantemente influyendo sobre nuestros genes. Una pastilla no puede, nunca, suplir todos estos mecanismos vitales. En el caso de los antidepresivos, sabemos además que la eficacia de los mismos no es mayor que la de un placebo (fármaco falso que se usa para comparar resultados y evitar la sugestión en las expectativas al mismo), como muestra una revisión de Kirsch en 2008.
La depresión es una enfermedad con influencia genética, hormonal, inmunológica, bioquímica, neurodegenerativa, y con una marcada dimensión psicosocial a nivel conductual, cognitivo, emocional, etc. A nivel bioquímico, la inflamación podría tener un papel clave en la etiología de esta enfermedad, y conocemos el link entre ciertos perfiles dietéticos y la inflamación subclínica. La adherencia a la dieta mediterránea se correlaciona con niveles bajos de marcadores inflamatorios, y la dieta típica occidental rica en carbohidratos refinados se asocia con altos marcadores inflamatorios (Liu, Manson 2002). La nutrición por otra parte afecta de forma determinante a la fisiología neural (Gomez-Pinilla 2008). Se sabe que la gente deprimida toma más comida basura, aunque debido al diseño transversal de los estudios realizados en este momento, no sabemos si la comida basura es causa directa de una mayor incidencia de depresión, o si bien es consecuencia de la misma, y la gente deprimida busca estimular los mecanismos de recompensa cerebrales a través de la comida basura, del dulce, etc. (Jacka, Pasco et al, American Journal of Psychiatry 2010).
La arginina se ha convertido en uno de los suplementos dietéticos más utilizados en el deporte durante esta década, a pesar de no tener el más mínimo respaldo clínico en cuanto a rendimiento físico. Ya expusimos que las fórmulas preentreno basadas en arginina se sustentaban en ingredientes farmacológicamente inactivos como la creatina ethyl ester, e incluso que se contrarrestan unos a otros induciendo efectos ergolíticos en el rendimiento. Si estás planteándote el uso de esta sustancia, te invito a que leas también el artículo
La teoría del daño celular mediada por los radicales libres y el envejecimiento como consecuencia de la acumulación de daño oxidativo, no es compatible con, entre otros ejemplos, cómo los deportistas aumentan su metabolismo, producen un mayor número de radicales libres, y sin embargo son más longevos y presentan una menor incidencia de enfermedades crónicas que la población sedentaria, demostrando efectos preventivos y terapéuticos en diabetes, dislipidemia, hipertensión, obesidad, enfermedades cardiovasculares, enfermedades pulmonares, enfermedades musculoesqueléticas o cáncer. Tampoco la teoría del estrés oxidativo de Harman parece ser compatible con los datos epidemiológicos. Los estudios prospectivos muestran, en el mejor de los casos, la inutilidad de los suplementos antioxidantes en aumentar la esperanza de vida o mejorar la fisiopatología de enfermedades asociadas a un mayor estrés oxidativo. Y más aún, la población que toma suplementos antioxidantes muestra una mayor incidencia de enfermedades crónicas como el cáncer, y mayor mortalidad que la población que no toma estos suplementos. Tampoco parece que la teoría sea compatible con los últimos hallazgos de laboratorio realizados con D melanogaster y C elegans, donde la modulación genética y farmacológica disminuyendo la generación de especies reactivas de oxígeno ha sido incapaz de traducirse en un aumento de la esperanza de vida, y por contra, un aumento del estrés oxidativo sí ha conducido a un aumento de la longevidad. Incluso reducir y eliminar por completo algunos sistemas antioxidantes endógenos de la mitocondria ha logrado incrementar la esperanza de vida en C elegans, mientras que la sobreexpresión en laboratorio de sistemas antioxidantes endógenos en ratones no ha logrado aumentar su esperanza de vida.
El tema de los hidratos de carbono es muy amplio y extremadamente complejo, como casi todo lo relativo al metabolismo humano. Se han puesto de moda en los últimos años ciertos polímeros de glucosa, que se venden a precio de oro, con pintorescas afirmaciones que no se corresponden con la realidad. Veamos si son superiores para el deportista que las clásicas glucosa o maltodextrina.