Algo tan simple y a la vez olvidado como el calcio ha demostrado suprimir la lipogénesis, incrementar la utilización de grasas durante la restricción calórica y reducir el tamaño de los adipocitos. Es abundante la literatura que relaciona el calcio con la pérdida de peso, y concretamente de grasa (supresión del 1,25-dihidroxicolecalciferol), tanto en animales como en humanos. El calcio de los lácteos (yogures, queso fresco…) es más efectivo que el de los suplementos por acompañarse con otros muchos nutrientes que modulan el metabolismo lipídico.
Ya hemos hablado de como los “antioxidantes” tienen una doble cara y también actúan como prooxidantes. La propia palabra “antioxidante” ha inducido a pensar erróneamente en “saludable”, y por supuesto, ha sido que ni pintada para la que la industria saque provecho. Veamos los hallazgos de la Universidad de Duke y el efecto de la vitamina C en la artrosis.
Revisando la literatura médica, ensayos aleatorios controlados y estudios de cohortes, se encuentran resultados inconsistentes evaluando los beneficios cardiovasculares del aceite de pescado. Negativos si hablamos de ácidos grasos de cadena corta (ALA) y cierto beneficio si hablamos de ácidos grasos de cadena larga (EPA y DHA). Hooper y Thompson no encuentran efectos beneficiosos en una revisión publicada en British Medical Journal de los estudios controlados desde 2001 hasta 2006 de 6 meses de duración de la administración de ALA, EPA y DHA. Estos autores concluyen que el rol de los Omega-3 no es importante para la prevención o tratamiento cardiovascular. Sin embargo, Wang, Harris et al, publicaron unos meses después otra revisión en American Journal of Clinical Nutrition donde sí encontraron mejoras en la prevención cardiovascular en consumo mayor a 1 año. Nos centraremos en este estudio.
Algunos estudios realizados con personas mayores muestran la dificultad de estimular la síntesis protéica e impedir la progresiva degradación de los tejidos. Como la sarcopenia y la pérdida de masa muscular son condiciones clínicas habituales y de cierta importancia a medida que envejecemos, existen estudios interesantes que permiten evaluar el potencial de ciertos aminoácidos y proteinas para estimular la síntesis protéica y prevenir la degradación de los tejidos.
Un artículo publicado en Journal of Hipertension (Ward, Hodgson et al) y desarrollado por la escuela de Medicina de la University of Western Australia, evaluó la acción sobre el endotelio, el estrés oxidativo y la presión sanguínea de la vitamina C y los polifenoles que se encuentran en la semilla de la uva.
Tomar aminoácidos libres en presencia de otras proteinas lleva a su oxidación por la Vmax de las enzimas musculares. Hoy además veremos que, aún con el estómago vacío, todo lo que supere unos pocos gramos de aminoácidos esenciales será inútil para estimular la síntesis protéica. El ejercicio físico aumenta la producción de aminoácidos no esenciales, por lo que la disponibilidad de éstos no disminuye. Se teorizó entonces la posibilidad de que solo fueran necesarios aminoácidos esenciales para iniciar la síntesis protéica en sinergia con el ejercicio físico.
En American Journal of Clinical Nutrition encontramos un estudio interesante comparando los efectos en el balance nitrogenado y síntesis protéica de la proteina de soja y de la leche tras ejercicio resistido. Ambos grupos tomaron una bebida isocalórica e isonitrogenada, leche desnatada o bebida de soja, ambas aportando 18gr de proteina y un total calórico de 750 Kj.
Las investigaciones de Parry-Billings en el Centro Médico Olímpico de Londres con 40 atletas de competición en los 90s, sugirieron que el sobreentrenamiento causaba una bajada de las concentraciones de glutamina en sangre. Entonces se barajó la posibilidad de que la suplementación con glutamina pudiera tener algún efecto sobre el rendimiento atlético. Veamos los resultados de los estudios más recientes.
Como sabrás, los aminoácidos pueden ser cetogénicos, glucogénicos o glucocetogénicos. La mayoría metabolizan en el hígado a través del ciclo de la urea y las deshidrogenasas. Sin embargo, leucina, isoleucina y valina de cadena ramificada, metabolizan en el músculo.
Mientras nuestros centros superiores de aprendizaje se van formando (cortex) durante la infancia, necesitamos un sistema ya instaurado, que nos permita sobrevivir. Este sistema que todos los animales tenemos de serie antes de que aprendamos, son las emociones. Antes de saber formal y razonadamente que un león es uno de los animales que puede vernos como su desayuno, y aprender su forma, tamaño y color para saber reconocerlo, necesitamos un impulso más básico que nos hace huir si vemos uno, como es el miedo. Ese cerebro primitivo de las emociones es lo que nos ha permitido sobrevivir durante la evolución. Gracias a él somos capaces de reconocer el placer (sistema de recompensa hormonal) y nos alejamos del dolor. Los animales siguen tomando decisiones en base a este sistema. Nosotros sin embargo tenemos la habilidad de decidir que hacer con esa información del cerebro primitivo. Por ejemplo, si estás a 50 metros de altura y cayendo a toda velocidad, tu cerebro primitivo te alertará con una profunda sensación de miedo para que intentes escapar, pero si estás en un parque de atracciones, el córtex habrá reconocido que en realidad no hay peligro porque estás montado en una atracción, y modulará a la baja los impulsos del cerebro primitivo, con lo que la sensación de miedo en la montaña rusa se hace tolerable. Este sistema de paso de información entre el cerebro primitivo de las emociones y los centros superiores de toma de decisiones, es el que está detrás de un gran número de problemas psicológicos.
Los científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Standford (Gardner, Kiazand et al) analizaron las dos dietas más famosas del mundo: Atkins y Zona, y se propusieron demostrar de una vez por todas quién tiene razón. Dos Best sellers mundiales. Los Doctores Atkins y Barry Sears cara a cara. And the winner is…
Veamos un estudio interesante sobre la dieta alta en proteinas en personas con sobrepeso desarrollado por el Department of Human Health and Nutritional Sciences, University of Guelph, Canada (Meckling, Sherfey). Se compararon los resultados de una dieta hipocalórica con una relación de carbohidratos y proteína de 3:1 y 1:1 en combinación con ejercicio físico y sin realizar ejercicio físico.
Durante 10 semanas de entrenamiento de resistencia, en la Baylor University, Texas, llevaron a cabo un estudio comparando distintos tipos de proteina y aminoácidos en el rendimiento y la composición corporal.
Revisando la literatura médica al respecto, se encuentran casos graves de hepatotoxicidad (necrosis, esteatosis hepática…), y podemos encontrar un caso de muerte y otros donde fue necesario realizar un transplante de hígado, entre ellos uno publicado en Liver Transplantation de una paciente con fallo hepático fulminante tras hacer una dieta de adelgazamiento con un suplemento de té verde durante 6 meses (720mg dia), atendida en el Queen Elisabet Health Sciences Center, Halifax, Canadá.
Está ampliamente extendido que la caseína de la leche tiene un mayor efecto saciante que los hidratos de carbono. En un estudio llamado “Skim milk compared with a fruit drink acutely reduces appetite and energy intake in overweight men and women” (Dove et al.), investigaron el efecto saciante de la leche y del zumo de frutas.
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